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El escultismo

Parece mentira que no tenga ningún post dedicado al escultismo. Por alguna razón, no me he dado cuenta hasta ahora, así que rápidamente he decidido poner fin al asunto. 

Resulta que ya hace muchos años decidí apuntarme a un “cau” (así es como llamamos a los grupos scout en Catalunya) y ver si realmente ir de excursión era tan divertido como en las películas. El hecho es que descubrí algo mejor: encontré un lugar donde personas increíbles estaban dispuestas a enseñarme cómo caminar por la vida, y lo que es más importante, a ser mis compañeras de camino.

Siendo scout pasé algunos de los mejores momentos de mi vida. Acampé bajo las estrellas, aprendí a tocar la guitarra, subí muchas montañas y me bañé en ríos de agua helada. Aunque no siempre fué todo tan fácil, más de una vez el viento se llevó nuestra tienda, la lluvia empapó las mochilas o tuvimos que abandonar una ruta porque un compañero se puso malo. Pero al fin y al cabo, lo más importante es que hice amigos y amigas verdaderos, de esos que se cuentan con los dedos de la mano.  Y que gracias a esos momentos – los buenos y los malos – hoy soy quien soy.

Con mi fular – fotografia de Charles Camarda

Ser scout significa compromiso para con uno mismo y con el prójimo. Cuando llega el instante de recitar la promesa (el día en el que te ganas el fular, un momento crucial en la vida de cualquier scout), tus guías están orgullosos, tus compañeros/as te saludan con la mano izquierda y tú te sientes especial, te has ganado su respeto y confianza. Llevar fular conlleva una gran responsabilidad, significa que defiendes unos valores y que estás dispuesta a luchar por un mundo mejor.

Desde el día en el que recibí mi fular, trato de vivir de acuerdo con las leyes con las que me comprometí. No es fácil, tomar la opción correcta generalmente no es lo más cómodo o “popular”. Sin embargo, puedo decir que hasta hoy puedo me ha funcionado: esforzarme por seguir los valores del escultismo hace que siga luchando por ser mejor persona día tras día.

Aquí dejo las leyes que en su día juré, y que me esfuerzo en no quebrantar.

  1. El scout es digno de confianza.
  2. El scout es leal.
  3. El scout es útil y servicial.
  4. El scout es amigo de todos y hermano de cualquier scout sin distinción de credo, raza o clase social.
  5. El scout ama a su país y se siente ciudadano del mundo.
  6. El scout reconoce en la naturaleza la obra de Dios y la protege.
  7. El scout es obediente, disciplinado y no deja nada a medias.
  8. El scout es animoso ante peligros y dificultades.
  9. El scout es económico, trabajador y cuida el bien ajeno.
  10. El scout es puro en pensamientos, palabras y acciones.
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El poder del ARN

Hace unas cuantas décadas se estableció el dogma central de la biología molecular (la “teoría fundamental” detrás de las moléculas que forman parte de cualquier organismo, descrita inicialente por Watson y Crick). El dogma central, de forma resumida, establece la relación entre el ADN o gen (la unidad de información que heredamos), el ARN (el mensaje o instrucción de ese gen) y la proteína (la molécula que llevará a cabo esa instrucción).

Para tener una mejor idea de como funciona el sistema, trataré de explicarlo utilizando un ejemplo más o menos gráfico:  los genes serían como el libro de recetas en la estantería de casa. En algún momento, una de estas recetas será transportada hasta la cocina, donde la leeremos y podremos seguir las instrucciones para elaborar un pastel o un guiso.

El ARN fue inicialmente descrito como el “medio de transporte“, lo que lleva la receta hasta la cocina, por eso se denomina ARN mensajero (transporta el mensaje). Durante muchos años, el mensajero fue subestimado. Todo el mundo prefería mirar al ADN (el “libro de recetas”) u bien a la proteína (los “pasteles”). Pues bien, por suerte algunos científicos quisieron conocer un poco mejor a este “mensajero”, y se dieron cuenta de que el el ARN no se limitaba para nada a sólo llevar información. Parece ser que esta molécula hacía muchísimo más de lo se pensaban.

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Atardecer en el laboratorio

Este verano tengo la suerte de poder participar en un programa excelente para jóvenes investigadores. Durante diez semanas conduzco mi propio proyecto de investigación en biología molecular en el Laboratorio de Cold Spring Harbor, sobre el cual ya escribí otra entrada hace unas semanas.

En este post voy a intentar resumir de qué trata este programa (URP), así como a animar a cualquier universitario/a a que solicite una plaza en él. Es una oportunidad única para los y las que queremos dedicarnos a la investigación. Este programa ya lleva más de cincuenta años entrenando con éxito a futuros científicos/as. Hay trenes que sólo pasan una vez en la vida, y hoy puedo decir con seguridad que he encontrado uno de esos.

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Hace ya dos semanas que me he instalado en el paraíso de la biología molecular. Este verano estaré sumergida en la ciencia, en un lugar fundamentalmente desconocido por la mayoría de los mortales no-científicos.Virus

Para aquellos que no han oído hablar del Laboratorio Cold Spring Harbor, es un centro de investigación en biología molecular, especialmente dedicado a la neurociencia, cancer y fisiología vegetal. Fundado en 1890, lleva ya más de cien años “en la cresta de la ola”.

Han pasado muchas cosas entre los muros de este laboratorio, cosas que han cambiado radicalmente el rumbo de la investigación actual. Aquí, James Watson presentó por primera vez la estructura del DNA en 1953. Barbara McClintock descubrió los transposones. Se halló el primer oncogen en un tumor humano. Richard Roberts demostró el fenómeno del RNA splicing. Hannon y sus colegas demostraron como los microRNA pueden curar algunos tumores. Y muchas, muchas más cosas importantes que dejo “en el tintero”.

Las vistas

Independientemente de su prestigio en el mundo de la biologia molecular, el Laboratorio de Cold Spring Harbor está un lugar increíblemente bonito. En el medio de la naturaleza, al lado del mar… y a tan sólo una hora de Manhattan! Tiene sus playas, sus bosques (con animales salvajes incluídos). Sus barbacoas en el césped son el lugar de reunión en las tardes de verano. Los científicos salen a despejarse y juegan a voleibol, van en kayak o se dedican a tomar cerveza, comer hot-dogs y a comportarse como cualquier otro humano (aunque tengo que admitir que la mayoría de conversaciones acaban derivando a temas científicos… Qué le vamos a hacer, si te apasiona la ciencia realmente disfrutas hablando de ella y siendo “un poco friki”).

En resumen, si como yo eres una enamorada/o de la ciencia, debes visitar Cold Spring Harbor Laboratory. Si tienes la oportunidad de venir un dia,dos, una semana o todo un verano, seguro que no te arrepentirás.

El waltz del polipéptido

“El waltz del polipéptido”, una de las esculturas del campus

Más adelante publicaré un post explicando la razón por la que estoy aquí, y qué es lo que estoy haciendo en mi laboratorio.

El otro día encontré en el blog de microsiervos este fantástico vídeo, que explica de maravilla el experimento de las nubes de azúcar (marshmallows en inglés). Este experimento fue ideado el 1972 por el psicólogo Walter Mischel, en la Universidad de Stanford, y tiene como objetivo estudiar el comportamiento, la paciencia y la impulsividad de distintos niños delante de un reto:

Cada niño o niña se encuentra en una habitación vacía, libre de cualquier distracción y sin nada más que una mesa delante suyo. Los investigadores ponen un plato con una nube delante de cada niño. Entonces le dicen que si espera un rato y no se la come, le darán dos nubes. Así que el niño/niña tiene dos opciones: comerse la nube o resisitir la tentación un tiempo indefinido y comerse dos.

Es muy interesante observar cómo los distintos niños reaccionan frente al reto (en el vídeo podéis ver algunas de las técnicas que usan para evitar comerse la nube). Pero lo que aún es más interesante es los resultados de un estudio a largo plazo: quince años más tarde, Mischel y su grupo compararon los resultados de los exámenes de acceso a la universidad (SATs) de los 600 niños que habían participado en el estudio. La capacidad de “resistir la tentación” estaba directamente relacionada con buenos resultados en los exámenes. En cambio, aquellos que se habían comido la nube inmediatamente, eran generalmente clasificados por maestros y padres como “menos competentes“, con peores notas.

Todo esto también ha sido estudiado a nivel neurológico, los investigadores han podido comprobar como los cerebros de los “pacientes” y de los “impulsivos” funcionan de manera distinta.

Spring is here…

"Daffodil"

El calor, la brisa, las flores… No puedo evitar sonreír al caminar hacia mis clases, aunque lo que más me apetece estos días es tumbarme en el césped y hacer lo que todo el mundo parece estar haciendo: nada.

Por fin llegó la primavera, los días largos, las terrazas, los conciertos al aire libre… Este año la esperaba con especial ansia, ya que el invierno que he pasado ha sido especialmente frío: la temperatura en Filadelfia ha estado alrededor de cero durante casi dos meses. ¡Pero se acabó!

Con el calor y el sol llegan fiestas tan míticas como Spring Fling, todo un acontecimiento en UPenn (ya os iré contando…).

Yo de momento me limito a disfrutar cada minuto de esta preciosa experiencia, y a prepararme para un futuro inmediato que no pinta nada pero que nada mal…

Mexico Lindo

La tierra de los cactus, de los infinitos desiertos inundados al sol y las playas paradisíacas. El país de Frida Kahlo y de Diego Rivera, hogar de acogida de muchos políticos que huían en busca de una utopía. La cuna de los tacos, los chiles y el mole. De las cervezas corona y de los mariachis.

En lo alto del templo del sol

En lo alto del templo del sol

Allí he pasado esta semana, descubriendo un país increíble rodeada de la mejor companía. Sería imposible pedir más de mi primer “spring break“. Otra vez he optado por huír del estereotipo; lo último que quería era pasar mi semana de “break” en cualquier macrofiesta, en un hotel de playa con litros de alcohol y entre masas de estudiantes color rosa-gamba con poca ropa y mucha carne. He disfrutado de unos días únicos, me he enamorado de México.
Nunca se tiene suficiente tiempo de vacaciones, así que conociéndome, opté por hacer una visita muy local y dedicar mis días a explorar la capital, el Distrito Federal, conocido como “el DF“.

Hace tiempo que descubrí que la mejor manera de viajar es cuando dejas que algun “nativo” del luegar te oriente, y lo que es aún más increíble es cuando tus “guías” son tus amigos. En mi caso, he tenido muchísima suerte y dos de mis mejores amigos han guiado mis primeros pasos por la ciudad chilanga.
¿Qué es lo que recomendaría del DF después de mi corta visita? Caminar por las calles de la colonia Roma, probar la “comida corrida” en cualquiera de sus fondas típicas, disfrutar de una michelada fría al atardecer, bailar en alguno de sus antros, submergirse en cultura en sus incontables museos (el de antropología, el de arte popular, el de arte contemporáneo, la casa azul… es imposible verlos todos!). Y si nos sobra un poquito de tiempo, recomiendo muchísimo subir a la pirámide del sol en Teotihuacán (es muy fácil y barato llegar desde la ciudad de México, en el enlace podéis encontrar la ruta que yo seguí).
Después de estas extraordinarias vacaciones, sólo puedo acabar el post con un corolario: Hasta la vista, DF. Espero volver a andar por tus calles muy pronto.