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Posts Tagged ‘leyendas urbanas’

Cerebro humano

El cerebro es un gran enigma que genera multitud de leyendas urbanas, la humanidad aún está muy lejos de comprender cómo funciona, y cuando no sabemos cómo funciona algo, pues muchas veces nos lo inventamos…

No es raro oír comentarios y afirmaciones sobre el cerebro que distan mucho de ser ciertas, pero que por medio del: “pues un amigo me ha dicho que…” o bien del “si, una vez leí en una revista que…” nos hacen dudar y a veces hasta nos las creemos.

Cerebro de Homer Simpson

Cerebro de Homer Simpson

Pues bien, he encontrado una lista de los diez mitos más famosos sobre el cerebro que circulan por el mundo, estoy segura que alguna vez habréis oído alguno de ellos.

1. Sólo usamos el 10% de nuestro cerebro: ¡FALSO! (más…)

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Hoy me han contado una de esas historias que nunca voy a saber seguro si son mentira o realidad… supongo que se podría considerar una “leyenda urbana“.

Pues bien, resulta que uno de los problemas con los que frecuentemente se topan los aviones al despegar es los choques contra las aves que vuelan por encima de los aeropuertos. Estos impactos son tan fuertes que pueden hasta llegar a agrietar la “luneta” de la cabina.

Una empresa americana creó un “simulador” de choques de aves, o sea, lo que viene siendo un “cañón de pollos“. Esta máquina lanza pollos a 400 km por hora contra los vidrios del avion, para que los ingenieros puedan encontrar el grosor de vidrio ideal.

Cuando España estaba en pleno proceso de diseño del tren de alta velocidad, el AVE, los ingenieros decidieron hacer uso de esta máquina americana para probar la resistencia de las ventanas del tren.

Cuál fué la sorpresa de los ingenieros cuando comprobaron que ningún tren soportaba el impacto de un pollo a 300 km por hora. Desesperados, después de acumular vidrios rotos, los españoles llamaron a los americanos, culpándolos de su fracaso.

Los yanquis, tan seguros de su buen diseño, les pidieron a los españoles un informe detallado de las pruebas realizadas con el invento.

Al cabo de un rato, el ingeniero jefe recibió una llamada de la empresa americana: “claro que nuestro cañón de pollos rompió todos sus trenes, mister, pero la culpa la tienen ustedes: los pollos no pueden estar congelados“.

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